MUJERES AGRICULTORAS EN MÉXICO: SUS REALIDADES Y DESAFÍOS EN EL CONTEXTO ACTUAL



Claudia Alejandra Hernández Herrera
Instituto Politecnico Nacional, México.
https://orcid.org/0000-0002-4060-2941
cahernandezh@ipn.mx



RECIBIDO: 25/01/2024

ACEPTADO: 12/07/2024

PUBLICADO: 15/09/2024



Cómo citar: Hernández Herrera, C. (2024). Mujeres agricultoras en México: sus realidades y desafíos en el contexto actual. Telos: Revista de Estudios Interdisciplinarios en Ciencias Sociales, 26(3), 785-805. www.doi.org/10.36390/telos263.02


RESUMEN


El objetivo de este artículo es analizar los factores personales percibidos en los estudiantes de geometría que intervienen en su bajo rendimiento académico. En cuanto a los referentes teóricos, los principales autores citados son Tejedor y García-Valcárcel (2007), Montes y Lerner (2011).Se enmarcó en el enfoque positivista, con una metodología cuantitativa, de tipo descriptivo, con un diseño no experimental y transversal de campo. La muestra fueron 200 estudiantes de la cátedra Geometría de la Facultad de Ingeniería de La Universidad del Zulia. Para la recolección de datos se aplicó un cuestionario dirigido a los estudiantes, constituido en la sección de Factores Personales por 8 ítems de selección simple y escala de tipo Likert. Para el tratamiento estadístico de los datos se utilizó distribución de frecuencias, así como las medias aritméticas ubicando los resultados en el baremo de la investigación. Los resultados indicaron que los factores personales intervienen medianamente en el bajo rendimiento de los estudiantes de Geometría; sin embargo se destacan la alta intervención que tienen situaciones personales significativas y el establecimiento de relaciones en pareja en este bajo rendimiento. Como conclusión se determinó la necesidad de implementar estrategias didácticas para optimizar el rendimiento académico de los estudiantes de geometría, presentándoles mejores incentivos que genere motivación y logre en los estudiantes un mayor compromiso para el éxito de sus estudios. Asimismo, se sugirió realizar investigaciones sobre las causas del bajo rendimiento académico de estos estudiantes abordando todos los factores involucrados con la participación de los docentes, autoridades y del propio estudiante.

Palabras clave: soberanía alimentaria, género, empoderamiento, agricultura, desigualdad.

 

Women farmers in Mexico. Their realities and challenges in the current context


ABSTRACT


The objective of this article is to analyze the perceptions of female farmers in Mexico to identify their interpretation regarding: (1) the main activities they perform in the field, (2) the use of machinery and agricultural tasks, (3) the valuation of their work, (4) employment opportunities, (5) the resources and support needed to improve production, (6) decision-making in planting, (7) access to training and development, (8) the implications of climate change, (9) the challenges they face in the field, and (10) proposals to promote their participation in the agricultural sector. It is a qualitative study. Information was obtained through semi-structured interviews with eleven women from Hidalgo, Puebla, Estado de Mexico, and the alcaldía de Xochimilco, in Mexico City. It was found that women expressed that their work is not valued; the belief is maintained that they are care providers and that they perform domestic chores; many small-scale producers do not have economic income, and those who work for an employer are paid per day; and they recognize that they earn less than men. Furthermore, the lands are mostly owned by their husbands or rented to men; women express that they do not have the right to inherit the land and that their decision-making is still a reserved matter, coupled with the fact that the field is considered to be masculine. It is concluded that it is necessary to support the Mexican countryside with a gender perspective, thinking that women are the most powerful force of food sovereignty.

Key words: Food sovereignty, gender, empowerment, agriculture, inequality.

 

INTRODUCCIÓN


De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura afirma que las mujeres representan el 43% de la fuerza que trabaja en las actividades agrícolas a nivel internacional (FAO, 2024). En México, conforme a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo en su primer trimestre del 2024 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía se cuenta con una población total de 129,713,690 habitantes, la población rural es de 29,598,179, el total de mujeres rurales es de 15,421,176 de las cuales 4,083,746 son mujeres económicamente activas y 7,299,309 de mujeres rurales no están participando en el mercado laboral. Únicamente, 688,147 mujeres rurales se encuentran trabajando en el sector primario que integra las actividades de agricultura, ganadería, silvicultura, caza y pesca. Asimismo, 3,188,389 de mujeres rurales no tienen acceso a las instituciones de salud.


En México Garduño de Jesus et al. (2022) analizaron la trayectoria socioecológica de un grupo de mujeres agricultoras en el Estado de México, se logra evidenciar sus prácticas agroecológicas que les han permitido la obtención de vegetales para el autoconsumo y en algunos casos para el comercio, lo que ha permitido que ellas obtengan beneficios económicos. Por su parte, García et al. (2020) analizan como la presión de la agricultura comercial pone en riesgo algunas razas de maíz que son únicas y las mujeres agricultoras defienden y fortalecen el cultivo sostenible. Al respecto Sangerman-Jarquín et al. (2022), añaden que la aportación de las mujeres en las actividades agrícolas y pecuarias representa un complemento económico e incluso su trabajo incide en abatir el hambre en sus familias. Así mismo, De Pablo et al. (2017) mencionan que la situación de las mujeres rurales es compleja por las diversas actividades que desarrollan que forman parte del trabajo no remunerado, como la elaboración de alimentos, cuidado de los hijos, de los ancianos, de personas discapacitadas, pero además son productoras, agricultoras, reproducción y cuidados de animales de traspatio, algunas son empleadas agrícolas, comercializan productos, entre otras actividades. Aunado a lo anterior, la FAO (2023) afirma que en México por cada hora que los hombres dedican al trabajo no remunerado las mujeres dedican 3.1 horas.


Asimismo, estudios realizados por Chávez y Rodríguez (2017), Prashant y Vijaykumar (2023), y Hiruy et al. (2023) afirman que las mujeres del campo han sido pieza importante en la construcción de la soberanía alimentaria. De acuerdo con la FAO (2018), la soberanía alimentaria es el derecho que tienen los pueblos a tener acceso a alimentos saludables y apropiados a su cultura, producidos por medio de métodos sostenibles y ecológicamente sólidos. Por lo anterior, las mujeres necesitan formar parte importante en la toma de decisiones sobre el sistema alimentario, esto es debido a que su participación coadyuva a reducir el hambre, debido a que el 60% de los desnutridos son mujeres y niñas. Asimismo, Turner et al. (2022) afirman que las mujeres representan un papel fundamental en los sistemas alimentarios locales, por medio de prácticas cotidianas de aprovisionamiento que empoderan a las comunidades y reducen la dependencia de las economías de mercado, algunas de las actividades incluyen los huertos familiares, la recolección de mariscos y la preparación de comidas, contribuyendo significativamente a la soberanía alimentaria.


Al respecto, Swinbank y Swinbank (2021), Costa et al. (2022) mencionan que el trabajo de las mujeres ha sido invisibilizado ya que, frecuentemente, se las ubica como amas de casa que ayudan en las labores del campo y que no son productivas y son económicamente inactivas. Lo complicado es que los censos las categorizan como mujeres que no están activas en el mercado de trabajo, por lo que las estrategias que se aplican en el sector las excluyen, aunado a que en su mayoría no son dueñas de la tierra, no poseen contratos de arrendamiento y no son sujetos de crédito, lo que provoca y, lo que mantiene las lacerantes desigualdades; lo más grave es que reciben poca paga en comparación de los hombres, además de otras múltiples dificultades como el hecho de que no controlan su propio tiempo y de que se mantienen en un ciclo nocivo con una relación interminable de techos de cristal, que se conjuga entre la producción de la tierra y la pobreza, aunadas a una limitada movilidad y baja escolaridad. Ello a pesar de que las mujeres son consideradas como principales guardianas de las semillas agrícolas y son ellas las que poseen un conocimiento detallado de la genética de las plantas y la selección de semillas, además de que se preocupan por intentar proporcionar una dieta variada y con nutrientes, aplicando métodos agrícolas y utilizando la rotación de cultivos y métodos orgánicos de control de plagas y fertilización del suelo.


La literatura afirma que el activismo de las mujeres ha ayudado a radicalizar la soberanía alimentaria con perspectiva feminista: las mujeres rurales son heroínas por su valiosa aportación al sistema alimentario mundial (Calvário & Desmarais, 2023; Arestis, Lai, Zhang & Liu, 2023). Lo anterior es porque la agricultura familiar muchas veces suele depender del trabajo no remunerado de las mujeres, por lo que se deben sacar a la luz las relaciones desiguales de género. Se sabe que el entorno de las granjas familiares no les otorga autonomía a las mujeres y no les brinda los medios para desarrollar su potencial como agricultoras. Es un hecho que las mujeres en labores agrícolas enfrentan múltiples problemas, tales como la redistribución de activos productivos, escasos apoyos relacionados con el crédito, falta de capacitación, pruebas que se realizan al campo, los escasos suministros de insumos, el almacenamiento y la comercialización (Calvário & Desmarais, 2023). Con relación a este tema Staudt (2019) afirma que las mujeres en el mundo de la agricultura son vistas como tradicionales, conservadoras, que son pobres y son incapaces de adoptar tecnología agrícola. Los estereotipos y la cultura obstaculizan el trabajo de las mujeres en este sector, en algunos ámbitos es inapropiado que las mujeres operen maquinaria, lo que las condena a trabajar jornada mucho más pesadas. Se sabe que mujeres en Nigeria rechazaron una trilladora de arroz que trabajaba con bicicletas pues se considera que los pantalones no son apropiados para las mujeres, aunado a que ellas consideraban que el uso de falda exponía sus piernas (Galiè,et al., 2017).


Se reconoce que hay pocas mujeres agricultoras en los países desarrollados y, lamentablemente, cuando son estudiadas como unidad de análisis se les considera como esposas de los agricultores, no como las trabajadoras principales de los campos. Además, se sabe que han existido avances, pero pocos: se reconoce que las mujeres tienen menos posibilidades que los hombres de heredar fincas o decidir si cultivar; también es complicado que les llamen agricultoras y sea valorado su trabajo. De igual forma, las agricultoras en años recientes tienen la oportunidad de educación y creación de redes de apoyo gubernamental; sin embargo, a pesar de los esfuerzos continúa la desigualdad (Ball, 2020). Además, la literatura afirma que es importante integrar a las mujeres en la agricultura, sin embargo, primero se tiene que reconocer que es un trabajo agotador a la vez que queda invisible su identidad como agricultoras., por lo que se necesita reducir las brechas; para ello es indispensable crear iniciativas orientadas a ellas, como el emprendimiento en la ganadería. Sin embargo, la estructura social patriarcal continúa tratándolas como ciudadanos de segunda en una sociedad evolucionada, lo que ofrece una figura masculina a los agricultores y no femenina, producto del ecosistema patriarcal que los rodea (Munshi, 2023).


Beserra, Hennington y Pignatti (2023) encontraron que las condiciones labores de las mujeres en el campo que son asalariadas son complejas: en principio cuentan con contratos temporales, les pagan poco y sus jornadas laborales son largas. Sin embargo, cuando trabajan en cooperativas, tienen mayor control de las actividades, autonomía financiera y satisfacción. Las enfermedades que se halló que las mujeres del campo sufren se relacionan con los trastornos musculoesqueléticos, mentales, envenenamiento por plaguicidas, aunadas a la violencia que sufren en el trabajo y en los hogares.


Una de las principales exponentes del empoderamiento de las mujeres es una destacada socióloga y economista Kabeer (1999) que desarrolló y aplicó el concepto de empoderamiento en el campo de desarrollo y enfatizó que es proceso que permite que las mujeres que se les ha negado que tomen decisiones estratégicas de sus vidas logra esa capacidad. Dicha capacidad necesita de tres elementos interrelacionados, los recursos, capacidad de acción y los logros. Al respecto, Anderson et al. (2021) y Lecoutere, Spielman y Van Campenhout (2023) el empoderamiento se presenta cuando las mujeres tienen mayor autoridad en la toma de decisiones con respecto a los recursos agrícolas, la gestión en la producción y los ingresos; esto permite generar beneficios para las mujeres, sus hogares y sus comunidades. Esto se logra al incrementar el acceso de ellas sobre la entrada y control de insumos agrícolas, y, de esa forma, se eleva la productividad; además, se requiere que las mujeres tengan control sobre su propio trabajo al quitar las barreras de movilidad De igual forma, acceder al crédito, a la propiedad de la tierra y a la capacitación que permita promover la equidad de género coadyuva al empoderamiento económico de las mujeres Lo anterior se vuelve indispensable por la falta de oportunidades que tienen las mujeres para poder agenciarse recursos económicos, y se reconoce que las oportunidades son muy escasas; esto genera barreras que impiden el desarrollo de las mujeres. De igual forma, el empoderamiento económico de las mujeres se observa a través del apoyo social, además de la educación y la propiedad del ganado (Hordofa & Badore, 2023).


Basado en lo anterior, Naila Kabber (1999) señala que el empoderamiento femenino no solo es el acceso a recursos económicos, sino también que puedan tomar decisiones y la transformación de las relaciones de poder en todos los niveles. Asimismo, la Plataforma de Acción de Beijing de Naciones Unidas (1995) destaca la importancia de políticas integrales que coadyuven la igualdad de género en todos los ámbitos de la vida social y económica, que permitan abatir las barreras estructurales que perpetúan la desigualdad. Ambas visiones, permiten lograr el empoderamiento de las mujeres en el sector agrícola, es importante considerar no solo la propiedad de la tierra, sino también la redistribución equitativa de las responsabilidades domésticas y de cuidado, aunado a la implementación de políticas que promuevan su participación activa en la toma de decisiones y en el acceso de recursos y oportunidades.


Existen hallazgos que indican que incentivar a las mujeres a ser propietarias de la tierra, ya sea solas o en conjunto con sus esposos, no es suficiente para disminuir la desigualdad de género en la agricultura (Yokying & Lambrecht, 2020). Por su parte, Menon, Rodgers y Tanjeem (2023) añaden que las diferencias de género son mucho más pronunciadas en el sector agrícola, ya que las mujeres realizan mucho trabajo no remunerado de cuidados, y lo mismo sucede con sus labores en las fincas, que en muchas ocasiones no se les paga. Al respecto, Tingo Valdiviezo (2020) añade que las mujeres de las comunidades más humildes se enfrentan a la marginación y a un sistema de género desigual que desvaloriza su trabajo y sus aportaciones, perpetuando así la violencia de género, que proporciona al hombre un estatus superior y a la mujer la mira como un ser inferior, todo esto provocado por una cultura patriarcal.


Por otro lado, y tomando como base la información obtenida por Chanyau y Rosenberg (2023), Khatri-Chhetri, Regmi, Chanana, et al. (2020) y Goh (2012), la agricultura es uno de los sectores más frágiles a los golpes del cambio climático, pero se reconoce que son las mujeres las que más son afectadas por los estragos de los cambios en el clima. Se reconoce que las mujeres llevan a cabo diversas actividades en la agricultura, como la siembra, el deshierbe y la cosechas, esas son las etapas que marcan el impacto del cambio climático al que se enfrentan, ya que el impacto que tiene el clima puede traer como resultados la pérdida en el rendimiento de cultivos, lo que se traduce en pérdidas económicas (Nelson & Huyer, 2016).


Bajo el contexto anterior, la pregunta de investigación es ¿Cuáles son las percepciones de las mujeres agricultoras en México en relación con: (1) las principales actividades que realizan en el campo, (2) el uso de maquinaria y las labores agrícolas, (3) la valoración de su trabajo, (4) las oportunidades laborales, (5) los recursos y apoyos necesarios para mejorar la producción, (6) la toma de decisiones en la siembra, (7) el acceso a la capacitación y desarrollo, (8) las implicaciones del cambio climático, (9) los desafíos que enfrentan en el campo y (10) las propuestas para fomentar su participación en el sector agrícola? Lo mencionado permitirá identificar los actuales escenarios que enfrentan las mujeres y las realidades del campo mexicano. Esta investigación contribuye a visibilizar la realidad de las mujeres rurales que en muchas ocasiones sufren de pobreza, escasas posibilidades de acceso y tenencia de la tierra, mínima capacitación, baja escolaridad, insuficientes oportunidades para recibir educación, diversos problemas de acceso a agua, altas cargas de trabajo no remunerado, migración, cambio climático, desigualdades estructurales que merman su progresa, cultura patriarcal que las limita en su toma de decisiones, violencia hacia las mujeres y escasa participación en proyectos agrícolas.



Metodología


Es un estudio cualitativo, ya que permite ofrecer una lente para analizar todos aquellos fenómenos no cuantificables, como las experiencias y las culturas de las personas, ocupando una variedad de métodos como las entrevistas, observación participante, historias y experiencias vividas (Bhangu, Provost & Caduff, 2023). Además, los estudios cualitativos cuentan con un poderoso potencial que permite analizar el conocimiento colectivo relacionado con la psicología de las participantes (Fischer & Guzel, 2023). Para este estudio, se entrevistaron a 11 mujeres agricultoras en México. Las participantes fueron seleccionadas con base en los siguientes criterios: (1) estar activamente involucradas en actividades agrícolas, ya sea para el consumo propio o para la venta, (2) representar una diversidad geográfica que incluyera diferentes regiones del país, (3) cultivar una variedad de productos agrícolas, (4) trabajar en diferentes escalas de producción, desde pequeñas parcelas familiares hasta unidades productivas más grandes, (5) utilizar diversas modalidades de producción, incluyendo métodos agroecológicos y convencionales, (6) tener diferentes edades y niveles de experiencia en la agricultura, (7) tener variadas situaciones socioeconómicas, y (8) presentar diferentes estados civiles y responsabilidades familiares. Estos criterios fueron seleccionados para asegurar una representación amplia y diversa de las experiencias de las mujeres agricultoras, permitiendo así un análisis comprensivo de sus percepciones y desafíos en el contexto agrícola mexicano.


La entrevista se desarrolló considerado los elementos necesarios que permitieran identificar los escenarios actuales que se enfrentan las mujeres agricultoras. La tabla 1 muestra las categorías y las preguntas que se formularon a las participantes. Las entrevistas se llevaron a cabo los meses de junio y agosto de 2023. Para el análisis de contenido y la codificación se utilizó el software Atlas ti.



Tabla 1. Categorías de análisis y preguntas de la entrevista


Categorías de análisis Preguntas de la entrevista
Principales actividades que realizan en el campo - ¿Nos podría comentar cuáles son las actividades que desarrolla en el campo? (Cuestionar qué es lo que cultivan o sus principales tareas). ¿Cuántas horas le dedica al día a su trabajo de campo?
La maquinaria y las labores del campo - ¿Actualmente cuentan con maquinaria que las apoye en las labores del campo? (Sí, ¿con cuál? No, ¿cuál maquinaria le beneficiaría para agilizar su trabajo?).
Percepción sobre la valoración del trabajo de las mujeres en el campo - ¿Considera que se valora de forma adecuada el trabajo que realizan las mujeres en las labores del campo? (Sí, ¿por qué? No, ¿por qué?).
Oportunidades laborales entre mujeres y hombres en el campo - ¿Considera que existen diferencias en las oportunidades laborales entre mujeres y hombres en el trabajo en el campo?
Recursos o apoyos que las mujeres necesitan para mejorar la producción - ¿Podría decirnos qué recursos o apoyos considera que necesita para mejorar su producción en el campo?
Toma de decisiones con relación a la siembra - ¿Usted considera que la toman en cuenta en la toma de decisiones que se da en la producción que se genera o es asunto de hombres? ¿Qué piensa al respecto?
Percepción de las oportunidades de acceso a capacitación y desarrollo entre mujeres y hombres en el campo - ¿Usted ha tenido acceso a la misma capacitación y oportunidades de desarrollo profesional que los hombres en el ámbito agrícola? ¿Por qué piensa que existen esas diferencias? ¿Qué cursos le gustaría tomar que la apoyen en su trabajo en el campo? (Ejemplos: técnicas agrícolas sostenibles como conservación del suelo, siembra directa, uso eficiente del agua, control biológico de plagas, abonos orgánicos, conservación de semillas, etc.).
Implicaciones del cambio climático - ¿De qué forma el cambio climático afecta sus cosechas o su trabajo?
Desafíos del campo mexicano - ¿Cuáles son los principales desafíos a los que se enfrenta el campo mexicano?
Propuestas para fomentar la participación de las mujeres en el campo - ¿Por último, usted qué propone para fomentar la participación de las mujeres en el campo?


RESULTADOS


A las entrevistadas se les cuestionó sobre algunas variables sociodemográficas: 1) nombre, 2) lugar de origen, 3) edad, 4) estado civil, 5) escolaridad, 6) años trabajando en el campo, 7) horas dedicadas a las labores del campo y 8) sexo de la persona propietaria de la tierra. La tabla 2 resume los datos de las participantes.



Tabla 2. Participantes en el estudio


Caso Nombre/municipio Variables sociales Años trabajando en el campo Propiedad de la tierra, mujer y hombre
1 Araceli Municipio de Sultepec, Aldama Hidalgo 44 años, casada, 4 hijos.
Escolaridad: secundaria.
14 años trabajando en el campo.
Trabaja de las 8 a las 17 horas.
Trabaja para un particular (hombre).
2 Ernestina, Aquixtla, Puebla 37 años, casada, 2 hijos.
Escolaridad: bachillerato.
10 años trabajando en el campo.
Trabaja 5 horas.
Trabaja las tierras de su esposo.
3 Estela, Ejidos de Chicoloapan 47 años, casada, 2 hijos.
Escolaridad: primaria.
30 años trabajando en el campo.
Trabaja 8 horas.
Rentan las tierras en donde trabaja.
4 Susana, Tezontepec de Aldama, Hidalgo 48 años, casada, 3 hijos.
Escolaridad: bachillerato.
25 años trabajando el campo.
Trabaja 8 horas.
Rentan las tierras en donde trabaja.
5 Claudia, Xochimilco 36 años, unión libre, 1 hijo.
Escolaridad: universidad (bióloga con especialidad en incidencia territorial y soberanía alimentaria).
10 años trabajando en el campo.
Trabaja 7 u 8 horas.
Una parcela es de ella la otra la renta y es de un hombre.
6 Carmen, Municipio de Aquixtla, Estado de Puebla 54 años, casada, 12 hijos.
Escolaridad: primaria.
Desde su infancia trabaja en el campo. Un hombre es propietario de la tierra.
7 Diana, Municipio de Aquixtla, Estado de Puebla. 30 años, casada, sin hijos,
Escolaridad: universidad
Desde su infancia trabaja en el campo. Sus padres son los dueños de la tierra.
8 Guadalupe, comunidad de Atexcac, municipio Aquixtla, Estado de Puebla. 63 años, casada, 6 hijos.
Escolaridad: primaria.
Desde su infancia trabaja en el campo. Trabaja las tierras de su esposo.
9 Guadalupe, municipio Aquixtla, Estado de Puebla. 33 años, casada, 2 hijos.
Escolaridad: universidad.
Desde su infancia trabaja en el campo.
Trabaja de 7 a 8 horas.
Un hombre es propietario de la tierra.
10 María de la Luz, municipio Aquixtla, Estado de Puebla. 53 años, casada, 2 hijos.
Escolaridad: secundaria.
Desde su infancia trabaja en el campo. Su madre es propietaria de la tierra.
11 Guadalupe, Xochimilco. 36 años, casada, 1 hijo.
Escolaridad: licenciatura.
Desde su infancia trabaja en el campo. La tierra es propiedad de la cooperativa.

Nota: a partir de las entrevistas realizadas a las mujeres



   

Imagen 1 y 2. Fotografías tomadas a dos de las participantes de la investigación.



Principales actividades que realizan en el campo


Las mujeres participantes mencionaron que regularmente se dedican al cultivo del maíz, frijol, chile, cempasúchil, calabaza y tomate; desyerban, cernean la tierra, siembran maíz y cuando ya está listo lo recolectan, los desgranan y lo almacenan. Además de cuidar el ganado, y realizar las actividades de la casa, como preparar comida, hacer tortillas, entre otras. También, señaló una de ellas que fumigan y esparcen abono. Una de las entrevistadas, que trabaja en la chinampa, expresó que se dedican a la producción agroecológica de alimentos y la producción de semillas de polinización abierta, y hortalizas de amplias variedades de frutos y hojas; asimismo labores de conservación y restauración del ecosistema del humedal. A su vez, otra de las entrevistadas manifestó que ella cultiva en Xochimilco hortalizas de lechugas italiana, francesa y orejona, y recurren al policultivo por la falta de espacio: también trabajan con la calabaza, brócoli y quelites. De igual forma, una de las participantes en el estudio dijo que no sólo llega al campo a trabajar, sino que tiene también que hacer de comer y cuidar animales. Además, se encontró que se reconoce que el trabajo es más pesado para las mujeres que sus esposos han migrado a los Estados Unidos: entonces ellas son las que tienen que realizar todo el trabajo del campo. En otro caso, una de las mujeres indicó que suele acarrear leña y barro; también expresó con tristeza que ha tratado de sembrar pero que no lo ha logrado porque no hay lluvia, y la sequía no deja que crezcan las plantas. En contraste, otra de las participantes expresó que ella en su mayoría cría y cuida ganado; enfatizó que intentan captar agua de lluvia para tenerla de reserva, de tal forma que la milpa seca se la dan a los animales, y el ganado les proporciona abono que es ocupado en la tierra, es decir han intentado modernizarse.



La maquinaria y las labores del campo


La investigación indagó si en la actualidad las mujeres cuentan con maquinaria que las apoye en las labores del campo. En alguno de los casos expresó que solicitan el apoyo de un tractor, pero sólo piden eso. Otra de las participantes indicó que piden prestada una desgranadora, pero que es complicado que puedan tener ese tipo de tecnología; de hecho, ella comenzó a explicar que ayudaría mucho tener un tractor, una desgranadora, una cultivadora y una empacadora que permitiría que el forraje del residuo del maíz sea más fácil de guardar, porque estando en greña es complicado y requiere mayor trabajo. Otra de las mujeres expresó que todo es rentado, pero que anhelan tener una cosechadora para el manejo de los granos. Con respecto al préstamo de tractores, una de las entrevistadas dijo que son rentados y que ellas tienen que pedir una cita en el ejido, y el día que les toca se lleva a las parcelas la maquinaria. En el caso de las participantes que trabajan en las chinampas, expresaron que el traslado es acuático y no es factible el tener máquinas; además, la labranza el completamente manual; asimismo, el terreno no es de gran amplitud por lo que se complica el ingreso de maquinaria, sin embargo, una de ellas expresó que cuentan con motobomba para el riego. Por otro lado, una de las mujeres dijo que la sembradora y la cultivadora podrían ayudar en su trabajo, pero reconoce que hay partes de los terrenos en donde hay laderas y en esos lugares no entran las máquinas. Del mismo modo, otra de las entrevistadas afirmó que en su zona no hay mucha tecnología y que todavía el trabajo del arado es rudimentario, aunado a que ella habita en una zona considerada indígena, que los predios son pequeños y que sus ingresos son escasos, y para tener ese tipo de maquinaria o rentarla no hay muchos apoyos. También se encontró que una de las entrevistadas afirmó que todavía usan yunta de bueyes o de caballos, además reconoce que no puede entrar las maquinas por las laderas. Se tiene un testimonio de una de las mujeres, quien enfatizó que reconoce lo difícil que es realizar el trabajo de forma rudimentaria, pero no le gusta la idea de meter maquinas en la tierra; de igual forma dijo que hay un tractor pero que la única forma de tener acceso a éste es a través de la renta.



Percepción sobre la valoración del trabajo de las mujeres en el campo


La investigación cuestionó si consideran que el trabajo de las mujeres en el campo se valora. Se halló que una de las entrevistadas mencionó que siente que el trabajo que realiza en el campo es importante para su familia; reconoce que su esposo sale a trabajar, entonces se queda en casa y labra la tierra que le da de comer, al igual que cría y cuida sus animales. De igual forma, sabe que es una entrada de dinero para su familia, pero también reconoce que lamentablemente no hay mucho avance en el campo. También, se descubrió que una de las participantes expresó que no se valora el trabajo de las mujeres en el campo; comenta que no hay muchas mujeres trabajando en la chinampa, y, de hecho, las chinampas han reducido su producción agrícola, lo que lleva a mantener esas extensiones de tierra en descanso, aunado a que calcula que el uno por ciento de los pocos productores que hay en Xochimilco son mujeres, lo que significa que quedan fuera de la cadena productiva. También afirma que a ellas se les asignan la etapa de comercialización, o ellas se responsabilizan de ello a sí mismas; además muchas de las familias no heredan la tierra a las mujeres —se les trasfiere a los varones el territorio—, y esto pone en desventaja a las mujeres hasta violentar su propia soberanía alimentaria, siendo devastadas por el machismo que bloquea el acceso a herramientas y conocimientos de los cultivos que son diseñados diversas veces por los hombres. Por lo anterior, se señala que falta visibilizar el trabajo de las mujeres en el campo, ya que se sigue considerando a las mujeres como las que proveen comida, las que cocinan, las que procuran la alimentación, función que no se valoriza; así, es imprescindible que se trabaje en una forma diferente de ver a las mujeres como cuidadoras del territorio, de la biodiversidad y dadoras de vida. Aunado a que se enfrentan a los retos de la comercialización de los productos y para salir adelante. De la misma forma, otra de las mujeres manifestó que no se valora el trabajo de las mujeres, porque admite que a las mujeres se les paga menos, a pesar de que llegan a realizar tareas igual de pesadas a las que realiza un hombre, y ha sido testigo de que en los invernaderos ya no les dan trabajo a las mujeres de mayor edad.


Por otra parte, se encontró que perciben que su trabajo no es visible porque los apoyos para el campo no llegan de forma adecuada, y piensan que están detenidos o que son revendidos; de hecho, una de ellas expresó que los costales de abono que según les había enviado el gobierno no llegaron, afirmando que para los pobres nunca llega nada, y que tiene que estar comprando ese insumo que era destinado para sus milpas. Otra de las participantes mencionó que el trabajo de las mujeres no se valora porque arrastra la creencia de que a ellas les corresponde cocinar, pero también trabajar, es decir, ellas son para todo. De igual forma, una entrevistada afirmó que su trabajo no es valorado igual que el trabajo que realiza su hermano, cuando las mujeres en diversos casos están presentes en el proceso de cultivar, cosechar e incluso hasta la venta y comercialización de los productos.


Oportunidades laborales entre mujeres y hombres en el campo


En la investigación de indagó cómo se perciben las oportunidades laborales de mujeres y hombres en el campo. Al respecto se encontró que una de las entrevistadas expresó la existencia de diferencias entre las oportunidades laborales en el campo mencionó que hace doce años arrancó en México la agroecología y comenzó la capacitación sobre economía solidaria, en dichos cursos había más hombres que mujeres; entonces sí se sentía muy marcadas las diferencias entre ambos. Otra de las participantes dijo que las diferencias se observan desde el hecho de que los hombres poseen mayor fuerza que las mujeres, aunque esto no es una limitante, ya que las mujeres no se doblegan ante nada, pero el machismo las mantiene separadas de múltiples actividades, pero reconoce que las mujeres que han logrado salir de la comunidad han logrado cambiar un poco su mentalidad y han logrado sobresalir. Por su parte, una más de las mujeres afirmó que la diferencia es que los hombres realizan el trabajo más pesado como cargar, mientras que las mujeres realizan otras actividades. Sin embargo, otra de ellas consideró que para rentar una parcela no les importa si es mujer u hombre, que únicamente les interesa el dinero: no se detienen para saber si les está llegando el agua y el alto costo de ésta, o si están consiguiendo los tractores. De igual forma, otras de las entrevistadas insistieron en que a las mujeres se les paga menos que a los hombres, y que tienen que demostrar que pueden, que saben hacer el trabajo.



Recursos o apoyos que las mujeres necesitan para mejorar la producción


En la investigación se indagó sobre los recursos que las mujeres que trabajan en las labores del campo necesitan para mejorar la producción. Se descubrió que requieren en principio el salario y tener un seguro para la asistencia médica. Además de capacitación para mejorar la producción y el cuidado del campo, ya que el uso de tantas sustancias químicas perjudica la tierra; lo que desean es saber más sobre el uso adecuado de las extensiones de tierra y saber qué pueden sembrar. Por otra parte, una de las entrevistadas afirmó que necesitan mayor apoyo del gobierno, que los bultos de abono que en ocasiones les envía son insuficientes. Otra de las mujeres dijo que necesitan semillas y fertilizantes para las plagas. De igual forma, se expresó el interés por acceder a cursos sobre control de suelos y plagas porque se secan las plantas. Asimismo, una de las participantes señaló que requiere saber cómo pueden ocupar determinadas fuentes de energía; reconoce que las chinampas son pequeños segmentos de tierra, pero que se necesita mucha mano de obra y que requieren técnicas de riego, ya que en la chinampa usan bombas las cuales tienen que estar transportando en las embarcaciones, y eso es una labor pesada y complicada. Otro hallazgo interesante es lo que menciona una de las mujeres, quien dijo que necesitan actualizarse en sus técnicas de siembra, ya que siguen usando lo que sus familias le enseñaron. También se reconoce el sufrimiento que existe en las tierras de temporal, en donde no hay agua de riego y no ha llovido: sin agua las cosechas no de dan y, por ende, no hay comida para muchas familias. Además, se necesitan técnicas para recolectar agua pluvial y técnicas del cuidado de la tierra, se percibe un olvido del campo. Asimismo, el apoyo de un tractor, pero prestado y no rentado que incluya el combustible, porque lo costoso de contar con ese tipo de tecnología. Por último, otra de las participantes señaló que sería bueno contar con más apoyos para poder solventar el pago de los jornaleros, ya que eso es lo más costoso.



Toma de decisiones con relación a la siembra


A las mujeres se les preguntó si se las considera en la toma de decisiones con relación a la producción. Se encontró que en su mayoría sienten que se toma en cuenta su participación y que sus esposos las hacen participes de las decisiones; únicamente dos participantes enfatizaron que perciben que es un asunto de hombres, mientras que otra de las mujeres señaló, con actitud dudosa, que han logrado “mediar” un poco o “poquito más”. Por último, en el caso de la entrevistada que trabaja en la chinampa y que ha logrado configurar una cooperativa dijo que anteriormente las decisiones las tomaba su hermano; sin embargo, enfatizó que han trabajado para irse ganando un lugar en la toma de decisiones, ya que anteriormente su trabajo no estaba valorado, pero ahora tienen que involucrarse en la toma de decisiones, porque son socias y es necesario que trabajen en las decisiones.



Percepción de las oportunidades de acceso a capacitación y desarrollo entre mujeres y hombres en el campo


En esta pregunta se encontró que una de las entrevistadas afirmó que, en relación con su percepción sobre las oportunidades de capacitación y desarrollo de mujeres y hombres en el campo, siente que muchas veces sí las toman en cuenta, pero en diversas ocasiones no: menciona que muchas de las veces no les dan información porque las personas piensan que por ser mujeres no entienden, en otras tantas por machismo que hace pensar a los demás que las mujeres no pueden tener un negocio, aunado a que el hombre desea sentir que es él quien manda. Por otra parte, otra de las mujeres expresó la existencia de diferencias porque en el campo se tiene la creencia que es más de hombres que de mujeres; sin embargo, la entrevistada ha tenido que involucrarse más porque le interesa, por lo que está al pendiente ya que del campo es de donde comen sus animales, de modo que no puede estar alejada de estos temas. Asimismo, otra de las mujeres —la que trabaja en las chinampas de Xochimilco— enfatizó que en la actualidad existen organizaciones, e incluso el gobierno, que se han visto obligados a generar espacios de capacitación con acciones equitativas; sin embargo, las condiciones sociales entre mujeres y hombres no son iguales, se requiere generar espacios en donde las mujeres que se encuentran maternando puedan participar en esos programas. Otra de las productoras afirmó que cuando ellas asisten a los talleres y las capacitaciones son más hombres que mujeres los que están presentes, además de pensar que son los hombres los que están más en el campo.


Implicaciones del cambio climático


A las mujeres se les preguntó cómo afecta el cambio climático en sus siembra y futura cosecha. Se halló que se percibe en mayor medida el calor que sienten cuando están trabajando en el campo: ya “no es el mismo sol” que hace diez años. Una de las participantes enfatizó que no llueve y sus tierras son de temporal, así que las largas sequías no dejan que la cosecha se logre, además de que afecta a la crianza de los animales porque no hay qué darles de comer, pero también han tenido períodos en los que las intensas lluvias destrozan todo; es decir, están viviendo climas extremos. A su vez, no se tiene certeza de qué sembrar, es difícil predecir si se acomodará el clima, sin agua no hay cosecha. Por otra parte, en el caso de las chinampas, se reconoce que ha bajado mucho el agua, pero lo que ha permitido mantener las cosechas es que la mayor parte de las semillas que se siembran son de los productores, entonces éstas se han ido adaptando a los cambios de temperatura; de hecho, ocupan más del 70% de esas semillas en la siembra. De igual forma, el cambio climático ha traído plagas cada vez más resistentes, por lo que se necesitan fertilizantes más fuertes, éstos son usados por invernaderos. Por lo anterior, se requieren conocimientos sobre las formas de como captar aguas pluviales, ya que una de las mujeres entrevistadas ha visto la forma de funcionamiento de esos sistemas, por lo que asegura que sí podría captarla.



Desafíos del campo mexicano


De igual forma, se les preguntó sobre sus percepciones con respecto a los desafíos que enfrenta el campo mexicano. Sus respuestas fueron diversas. Entre ellas las sequías y el calor que ha atraído plagas cada vez más agresivas con los cultivos, aunado a la poca agua que se tiene para poder complementar el desarrollo de las plantas. De igual manera, las heladas, las altas temperaturas o las lluvias torrenciales no permiten tomar decisiones sobre lo que se puede sembrar. Por otra parte, una de las mujeres enfatizó que para el consumo de su familia los productos que ella obtiene son de calidad; sin embargo, mencionó que en diversas ocasiones ha pensado en mejor dejar de sembrar porque sale mucho más barato comprar el maíz, pero reflexiona sobre el tipo de calidad que le ofrecen y reconoce que su consumo familiar es primordial porque es su alimentación, por lo que su familia va por la calidad y no por la cantidad. Asimismo, otra de las participantes comentó que el tema del agua está complicado, ya que les venden el agua por hora, el costo oscila entre los $50 y $60 pesos, pero eso solo lo pueden pagar personas con el dinero suficiente; en su localidad cae poca agua, la cual es insuficiente para el riego. También se reconoce como desafío la dignificación del trabajo en el campo, y la paga que es muy baja, desmotiva al campesinado. Sin embargo, es importante que los saberes de la tierra se pasen a los hijos: es imprescindible la defensa de la tierra y de los territorios, asimismo, de los conocimientos sobre la conservación de las semillas y del cuidado de la riqueza biocultural.


Por otra parte, se halló que otro de los desafíos es el precio de la cosecha y la existencia de intermediarios que suben el precio, pero estas ganancias no llegan a los productores, cayendo en un círculo complicado. También se halló que otro de los grandes retos es la forma en cómo se da a conocer la información relacionada con los apoyos que otorga el gobierno: una de las participantes expresó que no saben en qué momento se lanzan los apoyos y las maneras de obtenerlos. Por último, una de las productoras comentó que el mayor reto es que no desaparezcan las chinampas de Xochimilco, aunado a la grave contaminación del agua que cada vez exige el uso de filtros más innovadores.



Propuestas para fomentar la participación de las mujeres en el campo


A las entrevistadas se les cuestionó acerca de lo que proponen para fomentar la participación de las mujeres en el campo. Al respecto, una de las participantes expresó que es necesario que no se tenga la creencia de que el trabajo en el campo es de hombres, además de que necesitan capacitación, pero reconoce que es complicado porque están más enfocadas en la vida de la casa; se tiene conciencia de que no tienen dinero, pero tiene su cosecha la cual les sirve de consumo, por lo que consideran oportuno el que pudieran tener cursos con temas relacionados con el cuidado de la tierra. Por otra parte, se reconoce que la paga por trabajar en el campo no es suficiente, por lo que mejor deciden buscar empleo en casas en las zonas urbanas. Asimismo, piensan que los ingenieros pudieran enseñarles mejores técnicas para lograr mejores cosechas. De igual forma, una de las mujeres expresó que es necesario crear espacios seguros y de cuidado colectivo para las infancias y las personas mayores, ya que esos lugares permiten expresarse de forma segura y reflexionar sobre los cambios de roles de género: para visualizar más a las mujeres en el campo y los hombres en la cocina, es necesario trabajar esto con los niños. Asimismo, se encontró que se necesita que las tome en cuenta el gobierno, pero que les piden escrituras para poder participar en algunos programas y no cuentan con éstas, ya que las tierras son de hombres y muchos de los casos los padres toman esa decisión de no heredar, lo que se considera injusto. Igualmente se expresó la necesidad de que organizaciones entren a los campos y les puedan apoyar para que las mujeres trabajen y puedan seguir siendo el sostén de sus comunidades. Sin embargo, lo que más se necesita es capacitación y trabajar en la autoestima y el empoderamiento de las mujeres, además de que en las escuelas les brinden conocimientos sobre las formas de gestionar un negocio y las estrategias de venta. Por último, se mencionó que sería positivo que se crearan espacios para mujeres en donde pudieran expresarse: se reconoce que hay mujeres que tienen muchos saberes sobre semillas y su conservación, pero el ambiente del campo es machista por lo que en diversas formas cohíbe a las mujeres.



Discusión


Las mujeres entrevistadas en este estudio demostraron que trabajan una gran cantidad de horas, ya sea en las actividades de siembra y cosecha, así como las labores domésticas. Al respecto, se está de acuerdo con Pirela Rios, Díaz Baca, Enciso Valencia, Triana Ángel y Burkart (2023) y Robu (2023) respecto a que los roles de género generan barreras para que las mujeres obtengan el liderazgo, ya que se les asignan actividades propias de los espacios privados, como el cuidado del hogar y de los animales; en cambio los varones gozan de los espacios púbicos, lo que les permite la venta y mercadeo de productos. Lo anterior reduce la toma de decisión de las mujeres, derivado del poco poder económico, lo que provoca una doble carga para las mujeres y esto provoca la desigualdad de género.


Asimismo, Mohammed, Batung, Saaka, Kansanga, y Luginaah (2023) reconocen que la tecnología no ha logrado beneficiar a muchos agricultores, por lo que los gobiernos tienen que incentivar y capacitar sobre métodos de producción alternativos como los que integra la agroecología. Estas medidas podrían mejorar de forma significativa la productividad agrícola y minimizar el impacto de las cargas adicionales que enfrentan las mujeres en sus roles tanto dentro como fuera de sus hogares.


Ahora bien, la percepción de la valorización de las mujeres en el campo, son pocas las mujeres que trabajan la tierra, y que esas labores son sumadas al trabajo no remunerado de cuidados y actividades domésticas; sin embargo, se encontró que las tierras raramente son heredadas a las mujeres, casi siempre son dueños los varones, dejando a las mujeres vulnerables, lo que violenta su soberanía alimentaria. De igual forma, se reconoce que se les paga menos que a los hombres, además de que los apoyos gubernamentales no llegan de forma adecuada para ellas. Estos hallazgos concuerdan con lo expresado por Munshi y Singh (2023) quienes indican que el acceso de la propiedad para las mujeres es escaso, lo que significa que no tienen control sobre la tierra, por lo que no pueden tomar decisiones; esto acarrea que sea sombrío el panorama relacionado con empoderamiento femenino, con repercusiones complicadas que se presentan en la capacidad de las mujeres para disfrutar de sus derechos sociales y económicos, lo que obstaculiza escapar de la pobreza. Esto deja claro que las mujeres no cuentan con el reconocimiento como agricultoras.


Las oportunidades laborales para las mujeres en el campo son significativamente limitadas y, cuando existen, suelen estar mal remuneradas. Al cuestionar a las participantes sobre los recursos o apoyos necesarios para mejorar la producción, se identificaron varias necesidades críticas, incluyendo la mejora de los salarios, acceso a seguro médico, capacitación en control de suelos y técnicas de producción, suministro de abonos, semillas y fertilizantes, uso de fuentes de energía, tractores, combustible, bombas, y conocimientos en la captación de agua de lluvia. Es notable que aquellas mujeres que se han organizado en cooperativas han logrado comercializar sus productos de manera más efectiva, incrementando así sus ingresos. Gibbons (2023) destaca que, aunque las mujeres son las principales productoras y comerciantes de alimentos a nivel mundial, a menudo carecen de poder. Este estudio confirma que las mujeres enfrentan restricciones culturales, limitado acceso al conocimiento y capacitación, escaso acceso a créditos y tecnología, y una carga excesiva de trabajo doméstico no remunerado. Estas barreras impiden que las mujeres controlen la tierra o administren granjas de manera eficiente. Además, el acceso restringido a fertilizantes y semillas limita su capacidad de producción, perpetuando la desigualdad de género en el ámbito agrícola. Estos hallazgos subrayan la necesidad urgente de políticas que proporcionen apoyo específico y recursos adecuados para empoderar a las mujeres agricultoras, promoviendo así la equidad y la sostenibilidad en el sector agrícola.


Además, el proceso de toma de decisiones sobre la producción agrícola entre las mujeres entrevistadas varía; algunas logran llegar a acuerdos con sus esposos, mientras que en otros casos la autoridad recae en los patrones. Algunas mujeres han tenido que ganarse su lugar gradualmente para poder participar en estas decisiones. En cuanto al acceso a la capacitación y desarrollo, las mujeres sienten que no reciben la información adecuada debido a prejuicios de género; se les percibe como menos capaces de entender aspectos técnicos del campo, y el machismo perpetúa la idea de que la agricultura es un dominio exclusivamente masculino. Pierotti, Friedson-Ridenour y Olayiwola (2022) sostienen que la producción agrícola de las mujeres está inmersa en complicadas negociaciones familiares que afectan la calidad del trabajo y su capacidad para contratar trabajadores. Estas brechas de género en la capacitación y la toma de decisiones no solo limitan el potencial productivo de las mujeres, sino que también perpetúan la desigualdad y reducen su poder de negociación dentro del ámbito agrícola. Estos hallazgos subrayan la necesidad de políticas y programas que promuevan la inclusión de las mujeres en todos los niveles de la producción agrícola, ofreciendo capacitación adecuada y desmantelando las barreras culturales que impiden su plena participación.


Otro hallazgo importante es la afectación debida al cambio climático, incluyendo largas sequías y plagas cada vez más resistentes, que ponen en peligro las cosechas de las mujeres y, por ende, su soberanía alimentaria. Además, se identificaron varios desafíos en el campo mexicano, como la necesidad de dignificar el trabajo campesino, especialmente el de las mujeres; eliminar a los intermediarios; abordar la grave contaminación del agua; y asegurar que los apoyos gubernamentales lleguen adecuadamente. Para fomentar la participación de las mujeres en el campo, es esencial proporcionar capacitación, crear espacios exclusivos para compartir conocimientos, garantizar el derecho a heredar la tierra, y promover el empoderamiento y la autoestima. Estos resultados son consistentes con los expuestos por Ampaire et al. (2020), quienes indican que el cambio climático afecta negativamente a las comunidades rurales y a la seguridad alimentaria, resaltando la necesidad de incorporar la perspectiva de género en las estrategias de adaptación, con una asignación de recursos específicos para fortalecer las capacidades y conocimientos de las mujeres sobre el campo. Gibbons (2023) añade que la falta de liderazgo de las mujeres en la agricultura se debe a actitudes patriarcales y a la carga del trabajo doméstico, que las deja con poco tiempo y agotadas. Sin embargo, cuando las mujeres tienen control sobre sus ingresos, los destinan principalmente a la educación y alimentación de sus hijos. Además, Tiwari y Malati (2023) sostienen que el empoderamiento de las mujeres permite que tengan control sobre sus vidas e influyan positivamente en la sociedad. Estos hallazgos subrayan la urgencia de políticas y programas que no solo mitiguen los impactos del cambio climático, sino que también promuevan la equidad de género y fortalezcan el papel de las mujeres en el campo.



CONCLUSIONES


Se concluye que las condiciones actuales que enfrentan las mujeres en el trabajo del campo en México son complejas y llenas de obstáculos significativos. Las actividades de siembra y cosecha requieren no solo de trabajo arduo sino también de insumos necesarios que a menudo no están disponibles o son costosos. Además, muchas mujeres dependen de tierras de temporal, las cuales están gravemente afectadas por sequías devastadoras, poniendo en riesgo la soberanía alimentaria. Esta situación se agrava debido a la falta de acceso a tecnología y maquinaria agrícola, que limita la eficiencia y productividad de las mujeres agricultoras.


El escenario en el campo mexicano revela una clara brecha de género que impone barreras adicionales a las mujeres, quienes no solo reciben pagos injustos, sino que también carecen de seguridad social adecuada y de acceso a apoyos gubernamentales. Estos apoyos, cuando existen, no siempre llegan a las mujeres debido a la falta de mecanismos eficaces de información. Esta falta de acceso a recursos financieros y de crédito es una barrera importante que impide que las mujeres inviertan en sus tierras y aumenten su productividad (FAO, 2018).


En relación con el cambio climático, los fenómenos meteorológicos extremos y las plagas cada vez más resistentes han agravado la situación, obligando a las mujeres a utilizar fertilizantes agresivos que pueden perjudicar su salud y la de los consumidores. Estas condiciones climáticas adversas no solo afectan la producción agrícola, sino que también exacerban las desigualdades existentes, ya que las mujeres tienen menos recursos y apoyo para adaptarse a estos cambios (UN Women, 2020).


A pesar de estos desafíos, es notable la resiliencia de las mujeres agricultoras, quienes continúan buscando soluciones innovadoras para enfrentar las adversidades. Sus conocimientos y contribuciones son esenciales para la sostenibilidad y la soberanía alimentaria. Sin embargo, la pobreza sigue siendo una realidad latente, con muchas mujeres sin ingresos económicos suficientes y con cultivos destinados principalmente al consumo familiar. Sus jornadas de trabajo son extenuantes, y las responsabilidades domésticas adicionales limitan su capacidad para acceder a programas de capacitación y desarrollo. Esto perpetúa un ciclo de pobreza y dependencia, impidiendo que las mujeres alcancen su pleno potencial (World Bank, 2019).


Es fundamental promover esquemas cooperativistas que han demostrado ser efectivos para que las mujeres puedan comercializar sus productos y obtener mayores ingresos. Estas cooperativas no solo facilitan el acceso a mercados, sino que también fomentan el empoderamiento y la autoestima de las mujeres, permitiéndoles tomar un papel más activo y decisivo en la economía agrícola. Las cooperativas pueden proporcionar un entorno de apoyo y compartir recursos y conocimientos, lo que es crucial para mejorar la eficiencia y la sostenibilidad agrícola (ILO, 2018).


Para lograr un verdadero empoderamiento femenino en el campo, es imprescindible implementar políticas inclusivas que ofrezcan capacitación adecuada, acceso a recursos y apoyo financiero, asegurando que las mujeres puedan ejercer plenamente sus derechos y potencial, contribuyendo de manera significativa al desarrollo rural y la equidad de género. Esto incluye la promoción de políticas de igualdad de género que reconozcan y valoren el trabajo de las mujeres en el campo, proporcionando un acceso equitativo a la tierra, crédito y tecnología, y eliminando las barreras culturales y estructurales que perpetúan la desigualdad (UNDP, 2020).


Por último, el empoderamiento de las mujeres agricultoras es crucial no solo para mejorar sus propias vidas y las de sus familias, sino también para el desarrollo sostenible del sector agrícola y la seguridad alimentaria a nivel nacional. Se requiere un enfoque integral que aborde las múltiples dimensiones de la desigualdad y proporcione las herramientas y recursos necesarios para que las mujeres puedan prosperar en sus roles como agricultoras y líderes comunitarias.



Declaración de Conflictos de Interés


No declaran conflictos de interés.



Financiamiento


Proyecto de investigación con registro SIP 20240115 del Instituto Politécnico Nacional a través de la Secretaría de Investigación y Posgrado. De igual forma, al Consejo Nacional de Humanidades Ciencias y Tecnologías (CONAHCYT) y al Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) en México.



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